Hoy le conté a alguien que transformé en arte mi oscuridad.
Me preguntó cómo y sonrió cuando le conté que mezclo música electrónica, también escribo y tomo fotos.
Porque en el comercio las respuestas son predecibles, repetidas, aburridas. Y comercio es casi todo.
A veces pagamos mucho por algo malo, a veces bueno. Ya está todo dicho, hay roles y niveles de calidad asumidos.
Uno apenas gasta dinero para lo que diariamente usa, lo demás es producir y acumular basura.
Para qué te relacionas con los demás, si no es para consumir o comerciar?
Si estoy haciendo algo, como tomar fotos, escribir o leer, estoy haciendo algo.
Eso para mí es vivir. Le dicen arte o meditar.
La sociedad nunca fue inclusiva, uno es como le toca o lo censuran, reprimen, expulsan.
En Europa estaría pegando carteles y cortando calles. Para no ser 24/7 monitoreado, usado ni analizado.
Controlan y crean guerras para mantener el poder, mientras 100 millones al año mueren de hambre (ya lo sabés).
Y hay mil millones con problemas psicológicos existenciales.
Dos millones por año se quitan la vida, que es tan única que puede por uno mismo, ser reducida.
Pensaba sobre qué escribir o hablar, si al final todo da igual.
Desintegrar -> volver a lo real
Cuando uno se desintegra, lo demás es como si no existiera. Porque construimos una narrativa social.
Y sin ella, en el origen, es todo muy simple. Ya no hay algo por aparentar, ocultar o explicar.
Nos programaron para complicar(nos) y conflictuar.
Desintegrarse es la manera de ese programa re-setear. Es ver (todas) nuestras partes para re-integrar.
Enseñan que la destrucción es natural, cuando es instalada por violencia y de manera artificial.
Nos obligan a soportar la autoridad.
Familia, jardines, escuelas, empresas, universidad. Y luego todos contra todos, atacar.
La mayoría se auto-boicotea y destruye lo que más necesita o anhela. La oscuridad mata, si no se acepta.
Al final, de alguna u otra manera, se va la vida. Uno vuelve a las planticas y respira.