Cuando decimos que sí, decimos muchos no en simultaneo. Y ahí es donde está la vida, en qué tanto dejamos por algo.

Ese algo puede estar conectado con lo mejor para nosotros y el resto. Así cielo y tierra, estarían fusionados.

El mundo está cambiando y cambiará como nunca antes, porque sucede cada tanto.

Alguien dijo que pronto se cierra un ciclo de 400 años y seremos más libres al relacionarnos.

Imagina si luego de un apagón global desaparecen escuelas, supermercados y bancos.

Suena raro. Como existir luego de dinosaurios.

Algunos ven lo que está por venir, y se preparan. Les dicen profetas o visionarios.

Descubren maneras alternativas de actuar o hacer algo.

Inventan Internet, una moneda digital anónima, o un centro holístico para re-valorarnos.

Decir que no, es sagrado. Responder desde lo más profundo, sin repetir un patrón del pasado.

Porque es más fácil decir que sí. Votar, usar Tiktok, tomar tussy o hacer lo mismo que el de al lado.

Al decir que no, recordamos que venimos para hacer algo. Sin que nos lo digan, sin esperar otro algo a cambio.

El camino se hace al andarlo. Y amar es lo más valioso, para lo que fuimos creados.

Dije que no prácticamente a todo, durante un rato. Así aprendo también a decir que sí, desde mí, sin ser obligado.

Diferenciar lo que es, de lo que no es. Lo ajeno de lo propio, que es con los demás parte de algo.

Un árbol no crece en 3 días ni en 3 meses. Lo mismo en nuestra manera de relacionarnos.

El cielo habla, si nos damos tiempo para observarlo.

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