Tenía 10 y pensaba cómo sería tener 30, tenía 20 y pensaba cómo sería tener 50.

De repente ya no pienso en algo. El tiempo es eso, y parece extraño porque nos programaron.

A procesar inputs y responder outputs. Como la IA, solo que de manera silenciosa y en automático.

Tener siempre una meta, para algunos puede relativamente funcionar. Hasta que ya no.

Porque las estructuras limitan el pensamiento, venimos a crear y contemplar lo natural y lo que hacemos.

Algunos hacen cosas extraordinarias, otros elegimos el camino de lo simple.

Y con el tiempo creamos algo.

Ahí se suman otros, porque parece tan fácil mentir y actuar, que el artista legítimo se termina en casa cultivando.

Cambiar es natural y así como a una semilla le toca germinar, a humanos, descubrir lo espiritual.

Porque ahí está la energía. Las plantas sanan al entender más sobre lo que somos, que nosotros al pensar.

Diez años dura un ciclo completo para quienes descubrieron a leer el tiempo, sutil y universal.

Y cómo nosotros, podemos en ese tiempo cambiar. La semilla se transforma en árbol, germinamos para ser algo.

Conectar con el destino que siempre estuvo esperando. Lo sutil que supera lo mundano.

El fuego con la madera llega al cielo y lo mismo, en humanos cuando nos desintegramos.

Diez años se pasan volando.

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