Pensé que ya no tendría duelos. Descubrí que son como la vida, algo eterno.
Los superamos al mantenemos completos.
No al intentar evitarlos, sino al dejarlos ir bien adentro.
Sin perdernos en los demás, ni en lo que espere nuestro cerebro.
La realidad es lo que vivimos, no tanto lo que pensamos, creemos o sentimos.
No siempre se da lo que uno quiere. Y eso al ego le duele.
Siempre sentí que mi vida tenía, y a la vez no tenía sentido.
Uno vive en un lugar paradisíaco. Y luego tiene sus cosas durante meses en una habitación, en el piso.
De repente logramos las más importantes metas y a los meses, todo se desvanece...
O uno descubre que ya no lo quiere.
Para qué vivir conflictuando y generando problemas?
Desear tanto algo, para sufrir si desaparece?
Que pereza. Siempre me sentí diferente.
Por qué y para qué
Olvidar para qué vinimos es la función principal de la matriz, el programa global que dice "esto es así"
Donde "somos" de tal o cual manera porque "es lo que hay y así es la vida".
Luego descubrimos alternativas. Y las exploramos, desde algo que lo motiva.
Esa chispa podría ser nuestra conexión divina. Descubrir que somos energía.
Lo primero para vivir en armonía.

En la matriz, en ella todo se termina. Afuera, toca descubrir nuestra vida.
El sistema existe para quedarse con energía.
Y puede ser una ilusión mental que muchos aceptan. Como Santa Claus o pagar tantas cuentas.
Como salir solo fines de semana o almorzar siempre al mediodía.
Dejar esa prisión exige amor, coraje y disciplina. Uno encuentra aliados, porque no todo solito llega.
Las plantas que uso asustan a quienes conocen historias ajenas.
Ninguna podría ser sincera, la experiencia se vive y luego se interpreta.
Es como mirar las estrellas.
Y la verdad es como la ilusión, pero legítima y sincera.
Todo tiene alternativa y las plantas son medicina.

La ciencia prueba que el azúcar daña de manera cognitiva, como la luz blanca y pasar el día en Insta.
Cinco litros de alcohol por semana, decenas de colorantes, conservantes, realzadores del sabor...
Y luego hay temor por un té de hierbas?
Alguien encasilla, gobierna y limita.
Decide sobre la vida de la mayoría, que es presa sin darse cuenta.
Mayoría que hace lo que está bien y evita lo que está mal, cumpliendo reglas ajenas.
Se destruyen, sin darse cuenta. O incluso defendiendo ese sistema.
Tal vez no teman al té de hierbas, sino a que muera la ilusión que los gobierna.
Inventaron su identidad en ella.
Sin prisa, hay un plan mayor en la vida. Lo dijo una abuelita.
Todos podemos hacer lo que queremos, y sin embargo un puñado lo hacemos.
Me refiero a lo mayor y natural, no a un hecho puntual. Los hábitos que definen nuestra verdad.
Porque la vida se trata de estar vivo ahora, acá. Y no de lo que podamos en pasado o futuro pensar.
Nos programan para no cambiar, entonces pensamos que hacerlo está mal.
El que cambia es señalado, juzgado y censurado.
Cambiar es normal y por eso me comenzó a dar igual.
Cada tanto, muero. Y vuelvo en una versión más humana, simple, real.

Dejé de temer a lo que pudieran decir, o lo que pudiera pasar.
Vivo y respiro, nomás.
Logré encontrarme, sin sentirme un alien ni que me señalen.
Dejé de hablar porque sí, noté que se escucha para responder y hay problemas para entender.
Dicen que una diferencia es conflicto, que da todo igual, que debemos siempre opinar...
Y que hay que mentir, sin parar.
Afuera se siente libre, y la libertad no se puede explicar.
Se vive, nomás.
Vi más allá de mi mente; existimos por energía que nos genera y nos sostiene.
Es muy superior y está en nosotros mismos. Somos parte de la creación, por eso nacimos.
Nos re-programa un pensamiento alternativo, que luego nos lleva a hacer algo distinto.
Si se convierte en hábito, cambia la realidad de un suspiro.
La creación existe en todo lo vivo.
Y al salir del esquema, uno deja de ser lo que otros desean.
Muere nuestra versión limitada que depende de circunstancias ajenas.
Re-programamos nuestro sistema. Y podemos hacerlo porque somos polvo de estrellas.
Pasamos de tener miedo al abandono, a compañías sinceras.
Del miedo al rechazo, a mostrarnos como sea.
De exigirnos más que a cualquiera, a disfrutar incluso lo que no disfrutable pareciera.
De esperar de los demás, para compartir y dar, sabiendo que volverá. Cuándo el universo quiera.
Dejar de escondernos en historias que se repiten o nunca llegan.
No es para todos, y es para cualquiera. La mayoría quiere hacerlo, pero ahí se frena.
Morir es dejar de pensar que algo será permanente.
Permanece el tiempo, que todo cambia naturalmente.
Morir para estar presente.